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El paso de Piscis a Aries y el misterio de los comienzos

signos-zodiacoEl pasado jueves 20 de marzo, a las 22:45 hora peninsular, llegamos al equinoccio de primavera.

Se inicia así un período que solemos vivir como un nuevo comienzo. Después del invierno, el mundo vegetal y animal despierta de su letargo. Hay más actividad que nunca: la vida parece resurgir con toda su fuerza, con una potencia asombrosa.

En términos astrológicos, decir que comienza la primavera equivale a decir que entramos en el signo de Aries.

Y, por lo tanto, indica que salimos del signo de Piscis. Es obvio que esto es así, aunque quizá no sea del todo evidente el enigma que esto representa a la hora de entender cómo funcionan los ciclos astrológicos.

La complejidad de lo circular para la mente

A nuestra mente le resulta muy difícil comprender la dinámica implícita en la figura del círculo. Tenemos tendencia a delimitar, separar, y a buscar sentido a los procesos.

Y, desde luego, que todo proceso tiene un sentido (como dirección y como significado). El proceso que tiene lugar en el mandala del zodíaco es un ejemplo perfecto de esto.

El mandala zodiacal es un círculo y, como tal, no tiene principio ni fin. Para la mente, esto es duro de asimilar y, para hacernos las cosas más fáciles, tenemos la necesidad de delimitar un punto de partida y una llegada.

Sólo menciono esto para ser conscientes de los diferentes planos de comprensión de la realidad desde los cuales podemos abordar el estudio de la Astrología. Y para dar una pequeña idea de la profundidad de la dinámica de los signos cuando se los considera como un todo, y no como doce energías inconexas.

Y lo digo, también, para que tengamos presente que nuestra psique es limitada, mientras que los símbolos, y las realidades que éstos representan, son ilimitados en cuanto a amplitud y contenidos.

Aprender Astrología Psicológica también consiste en comprender cómo interviene nuestro psiquismo en la construcción de la realidad y cómo puede distorsionar nuestra percepción de las energías de signos y planetas.

Dicho esto, recordemos: es sólo nuestra mente la que pone el comienzo del ciclo en Aries. Tenemos buenas razones para ello, de modo que así sea.

El Gran Comienzo

Según nos cuentan los científicos, todo comenzó hace 14.000 millones de años como empiezan las películas de alto presupuesto: con una gran explosión.

No podemos concebir un momento más puramente ariano: una enorme liberación de energía concentrada como surgida de la nada (Piscis), sin conciencia ni finalidad, pero, al mismo tiempo, un momento crucial que conlleva implícito todo el desarrollo posterior del nuevo ciclo.

Es decir, que en Aries nuestra mente encuentra la puntita del hilo del que tiramos para empezar a comprender las 12 fases de todo ciclo. Porque si hay Aries, la “lógica” propia de la estructura zodiacal nos dice que luego vendrá Tauro, y luego Géminis… necesariamente.

¿Y antes del comienzo, qué?

También implica que venimos de Piscis, porque nada surge de la nada. En este caso, la mayor explosión imaginable se gestó desde la quietud y el silencio. No tenemos respuestas científicas ni astrológicas para explicar esto en términos racionales.

Creo que es importante tener en cuenta este “detalle” a la hora de intentar comprender cómo se cierra el ciclo zodiacal para dar lugar a uno nuevo. Porque, literalmente, es incomprensible, impensable.

Ni Aries ni Piscis se caracterizan por sus capacidades racionales ni por ser expertos en palabras. Son energías incompatibles con procesos de pensamiento. Piscis no piensa porque su ámbito es el silencio: lo que se sabe y se siente sin palabras, porque ya están superadas. Y Aries… bueno, si pensara antes de actuar, no sería Aries!

Pero, en el paso de uno a otro signo, radica el que quizá sea el mayor misterio del zodíaco y, seguramente, el mayor enigma filosófico y científico que conocemos: el origen de la vida y del Universo.

De la misma manera que nos cuesta pensar en qué pudo haber antes del Big Bang, nos resulta complicado pensar en cómo se pasa de la pasividad total de Piscis a la actividad total de Aries, en una sola fase.

¡Gracias Aries!

Pero, ¡menos mal que tenemos a Aries!

Pensemos qué podría pasar si no dispusiéramos de esta energía en el mandala zodiacal. ¡Simplemente, nada existiría! El Universo sería una cosa amorfa, sin tiempo ni espacio, una continuidad de la nada.

Y, desde luego, no habría ciclos, ni vida, ni procesos de ningún tipo. ¡Absurdo!

La Astrología nos enseña que cada una de las doce etapas del zodíaco es necesaria e imprescindible. Lo que digo se podría aplicar a todos los signos de la rueda. Si falta una parte del círculo, no hay círculo.

No tan simple como parece

Insisto en la necesidad de Aries porque es un signo que quizá damos demasiado por hecho. No solemos detenernos a pensar en la profundidad de la energía ariana.

A veces, nos parece que es demasiado simple. Pareciera que la necesidad que tenemos de esta energía para que exista cualquier cosa es tan evidente, que ya ni la vemos ni la apreciamos en toda su complejidad.

¿Complejidad en Aries? ¡Pues claro que sí! ¿Te parece poco poseer el secreto de la nueva vida?

Muerte y transformación

Cuando hablamos de muerte y transformación, solemos detenernos en la fase zodiacal de Escorpio.

Pero hay que aclarar: Escorpio representa una muerte que está inscrita dentro del propio ciclo como fase instrumental a la continuidad del mismo. En otras palabras: significa una transformación de lo que es, sin dejar de ser lo que se es.

La transición que tiene lugar de Piscis a Aries es de signo muy distinto, y su alcance es mucho más radical y definitivo: lo que es, deja de ser; muere disolviéndose completamente en la nada para que surja otra cosa totalmente diferente.

Si Escorpio puede suponer un renacimiento, Aries es el nacimiento de lo nuevo, que irrumpe con fuerza. Esta creatividad ciega e inconsciente suele estar también, en mi opinión, infravalorada cuando hablamos del signo del carnero.

El planisferio y el globo terráqueo

El objetivo del post de hoy es el de recordar que el zodíaco es una estructura circular, y las implicaciones que conlleva este tipo de estructura.

Es fácil recordar esto cuando vemos una Carta Natal, por ejemplo, porque el círculo es bien visible, pero podemos despistarnos y olvidar este hecho cuando simplemente estudiamos los signos uno detrás del otro.

Es parecido a ver la representación del mundo en un planisferio o en un globo terráqueo. En el planisferio, Alaska está muy lejos de Rusia. En el globo, están casi pegados.

Y lo mismo nos ocurre con el zodíaco: si los vemos como secuencia lineal, comenzando por Aries, pareciera que Piscis está en las antípodas. Si lo vemos como mandala circular, hay más relación (y coherencia y continuidad) de la que solemos recordar.

Y en esta relación hay un profundo misterio.

¿Te has parado a pensar en la relación y continuidad entre Aries y Piscis?

¿Captas aquí un misterio, o te cuesta conjugar estas dos energías que parecen tan dispares?

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Comentarios

  • Susana marzo 31, 2015

    Me parece muy revelador este post. No acababa de ver la fuerza creativa de Aries. Compararla con la fuerza re-generativa de escorpio, todo un acierto porque son conceptos muy diferentes.

    • Gustavo Capece abril 1, 2015

      Hola, Susana.

      Gracias por tu comentario. Realmente, creo que la capacidad creativa de Aries está muy subestimada en la literatura astrológica. Aries coge lo confuso e informe, ¡y crea un mundo nuevo con ello!

      Saludos.

Los comentarios están cerrados

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